"Hay algo
maravilloso que está sucediendo en cada ser humano. Dentro de cada
persona hay
una belleza suprema. Dentro de cada persona hay paz, hay alegría, hay
un
corazón que siente.
Yo
ofrezco inspiración al recordarle a la gente lo
bella que es la existencia; les recuerdo que la vida en sí misma es un
regalo.
Aliento a las personas a que abran las ventanas del entendimiento de
modo que
puedan alcanzar la plenitud. Veo a cada persona como un ser completo.
Dentro de
cada uno de nosotros brilla un sol radiante capaz de hacer desaparecer
la
oscuridad.
No
propongo soluciones a los problemas del mundo,
no las tengo. Lo que afirmo es que dentro de cada individuo existe un
lugar
donde se puede encontrar paz. Este es un mensaje que, en mi opinión, se
necesita desesperadamente en este mundo.
Mi
mensaje no es nuevo ni antiguo, es atemporal.
La paz, la satisfacción que buscamos, está dentro —lo estaba, lo está y
siempre
lo estará—. Ahora es el momento de dirigirse hacia adentro. Más que
meras
palabras, lo que ofrezco es una manera práctica de sentir la
satisfacción que
ya reside en nuestro interior.
Lo
que ofrezco es un regalo de un ser a otro, y mi
intención es poner esta posibilidad al alcance de todos. Es más, estoy
dispuesto a ayudar en todo lo que pueda a quienes deseen profundizar en
ella".
Maharaji
LA
SED
Todos buscamos algo, deseamos algo, pero ¿qué es?
Algunos lo llaman éxito, otros paz, o amor o serenidad...
Pero, de hecho, es todo lo mismo.
¿Por qué, entonces, le damos tantos nombres?
Porque sentimos un anhelo pero no sabemos de qué.
Si lo que nos falta es amor, eso es lo que buscaremos;
si tenemos problemas o confusión, buscaremos paz.
¿Pero qué nos pide el corazón?
Que calmemos ese anhelo interior, que saciemos esa sed
que llevamos tanto tiempo sintiendo.
Y no es una sed creada: ya la tenemos.
[...] Lo bueno de esta clase de sed
es que el agua que la sacia se encuentra en nuestro interior,
así como el mecanismo para saciarla.
La sed es lo que nos impulsa a buscar el Conocimiento,
una forma de ir adentro, de reducir un poco la velocidad
y sentir lo que hay en nuestro interior.
Y cuando lo hagamos sabremos que nuestra sed se ha calmado;
no es que nos lo imaginemos, sino que tenemos la certeza
porque es una experiencia real
que se asienta en los cimientos de nuestro ser.
Cuando saciamos esa sed,
el resultado es una paz incomparable,
una paz sin igual.